Almas amantes

Dos almas lejanas

tristes almas amantes

las separa un abismo, un cielo

tal vez sólo un instante.

Quizá se encuentran tan cerca

quizá estén tan distantes

quizá nunca se rocen

o tal vez ya se conocen

y se besan en sueños

cuales aves errantes

y encontrándose juntas

en un mismo deseo

van volando y soñando

consumiendo sus ansias

construyendo senderos.

Almas lejanas, solitarias

almas amantes, soñadoras

tal vez un día estuvieron juntas

en otros tiempos, en otros mundos

y en otras horas

fueron espuma de una misma ola

y desde el día en que aquella ola

se rompiera sobre una roca

se buscan desesperadamente

se buscan una alma a la otra.

P R O N U N C I A M I E N T O. 8 de marzo de 2014. Día Internacional de la Mujer.

Pstt, Pstt… ¿alguien ahí?… ¿Alguien escucha?… ¿Alguien ha escuchado alguna vez?

De nuevo es 8 de marzo. Es 8 de marzo de nuevo y se hace necesario contar la historia. La historia de las que han luchado, de nuestras abuelas, de nuestras madres, de nosotras mismas. La historia que vamos caminando para nuestras hijas. Pero también es necesario decir que, junto con estas abuelas, madres y junto a nosotras, estuvieron, han ido estando, están, hombres nuevos, de esos que al igual que las mujeres saben parir mundos mejores. Para todos nosotr@s, venga pues la memoria y el recuerdo de tantos y tantas que han luchado y luchan por la igualdad, la justicia y la paz para todas y todos.

La historia debe ser contada y recontada todas las veces que sea necesario. Era la edad media y tanto mujeres como hombres vivían una era de grandes dificultades, guerras e ignorancia; pero en las sociedades de esa época, muchas mujeres servían como moneda de cambio, en el mejor de los casos, obligadas a casarse con hombres a quienes ni siquiera conocían y en el peor de ellos, siendo consideradas objetos intercambiables por bienes materiales o tomadas como botín de guerra así sin más. Otras tantas, esas que tenían el don y el desafío de saber mirar el mundo, eran condenadas, quemadas en la hoguera, maldecidas y borradas de la historia. Espera, eso pasaba hace más de mil años, pero ahora ya no ¿cierto?

Era la época de la colonización de América, y tanto para hombres como para mujeres de aquel entonces, del antiguo y el nuevo continente, eran tiempos de dificultades y guerras, de hambrunas y enfermedades; pero para las mujeres de aquel entonces no había tierras prometidas ni esperanzas de una vida mejor, próspera y abundante como soñaban los colonizadores; para ellas, para las mujeres del viejo y el nuevo continente, había violencia, violación, sometimiento, menosprecio. Espera, eso pasaba hace poco más de 500 años, pero ya no pasa ahora ¿cierto?

Era la última década del siglo XVII, la Revolución Francesa sacudía las cimientes de la sociedad monárquica y mientras miles de hombres se lanzaban a la lucha pidiendo «libertad, igualdad y fraternidad», también miles de mujeres parisienses pedían «libertad, igualdad y fraternidad». Pero la lucha es cruel a veces y los procesos no terminan de estar listos a tiempo. No era su tiempo aún, no era nuestro tiempo dijeron. Había que estar al lado de los compañeros, apoyarlos, pero no exigir para nosotros aún nada, ya llegaría nuestro momento. La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, uno de los textos fundamentales de la Revolución Francesa, se había olvidado de incluir a la mitad de la población, y cuando Olympe de Gouges redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana fue acusada detraición a la revolución. Reclamar un trato igualitario hacia las mujeres en todos los ámbitos de la vida, tanto públicos como privados era algo de aquel entonces… ¿O es acaso un reclamo aún vigente?

Era el 25 de marzo de 1911, más de 140 jóvenes entre catorce y veintitrés años de edad, trabajadoras del ramo textil, la mayoría inmigrantes italianas y judías, estaban en huelga por la exigencia de una jornada laboral de 8 horas en lugar de las 14 que debían trabajar. Todas ellas murieron en el trágico incendio de la fábrica de camisas Triangle, en la ciudad de Nueva York. Los responsables de la fábrica de camisas habían cerrado todas las puertas de las escaleras y salidas, una práctica común para evitar y reprimir movimientos obreros. Pero las condiciones de las maquiladoras actuales son mejores ¿O no?

Vendrían muchas otros procesos históricos de cambio, luchas independentistas, revoluciones, movimientos, pero la verdad es que a pesar de todos ellos, las mujeres hoy en día, muchas veces seguimos viviendo los mismos dolores.

Pero no es solo la mujer, sino la femineidad la que ha sido y está siendo atacada por el sistema opresor. La femineidad que es el máximo símbolo de la vida, de la madre Tierra, está siendo humillada, devaluada, reducida, y no porque quieran aniquilarla sino porque quiere explotarla, la necesita, pero ahí abajo, donde no es una amenaza, cautiva y sumisa.

La madre tierra está siendo explotada y destruida sin medida, la tierra, al igual que las mujeres, está siendo violada, desde los sistemas agroindustriales hasta los proyectos turísticos, la extracción de petróleo, la minería, los agro tóxicos, etc., por hombres y mujeres enfermos de ambición, no hay límites para ellos, siempre querrán más, porque es lo que dicta el pensamiento del “Éxito”, y el éxito es individual, no mira al otro, no lo comprende ni lo contempla.

La vida, la ternura, la esperanza, la compasión, la colaboración, el amor, la fragilidad, tan propia de nuestra especie y de la existencia, esas características de la femineidad, esas raíces de todo ser humano, no solo del sexo femenino, están siendo reducidas por un sistema que en todos los ámbitos intenta controlar todo aquello que sea posible controlar, explotar, utilizar y finalmente desechar.

Nos enfrentamos a un gran sistema de pensamiento que impone, que nos obliga a competir, que valora únicamente las apariencias, aunque en el fondo esté el vacío, donde el fuerte aplasta al débil, donde vale quien tiene más poder y más dinero, aunque no tenga valores rectores de y para la vida.

Las mujeres somos el 50% de la población mundial. Hemos habitado este mundo al igual que los demás seres esperando tener una vida digna. Y una vida digna significa muchas, muchísimas cosas. Significa vivir con seguridad y sin miedo, con respeto y sin violencia, esa violencia que toma mil rostros diferentes cada día para nosotras. La violencia sistemática contra nuestros cuerpos, nuestra mente, nuestro espíritu; La negación de los derechos que inherentemente nos merecemos todos los seres humanos, simplemente por el hecho de serlo; La violencia en el hogar, muchas veces con el enemigo viviendo bajo el mismo techo y disfrazado de compañero; la trata de mujeres y niñas; la prostitución forzada; la violencia en situaciones de conflicto armado: asesinatos, violaciones sistemáticas, esclavitud sexual, embarazo forzado; la mutilación genital femenina que tienen que sufrir miles de mujeres sometidas por tradiciones que las violentan; los linchamientos establecidos por leyes injustas contra “los perjuicios a la moral”; el infanticidio femenino en sociedades donde está prohibido tener más de un hijo y se prefiere un varón; ¡EL FEMINICIDIO!

HOY POR HOY, NO EXISTE UN SOLO LUGAR SEGURO EN EL MUNDO PARA NACER MUJER.

No sabemos bien a bien cuándo empezó a ser así, pero sí sabemos que este mundo no estará cabal hasta que la desigualdad entre hombres y mujeres sea un asunto del pasado.

Hoy, queremos decir que celebramos el valor y la entrega de quienes históricamente han luchado por conseguir (incluso pagando con su vida) los derechos que hoy gozamos, pero al mismo tiempo declaramos que ¡Necesitamos urgentemente una revolución afectiva, una revolución del pensamiento y el espíritu! Porque sólo así ocurrirá una verdadera transformación social. Sólo así nacerán seres humanos completos y libres que dejaran atrás las relaciones de dominación violenta y desequilibrada y podrán comenzar a crear la verdadera convivencia, no solamente en la pareja y en la familia, sino en la comunidad y en la sociedad.

Este es un día que nos recuerda que queda mucho por hacer para alcanzar las condiciones necesarias para lograr una vida de convivencia armónica para mujeres y hombres; aún queda mucho por hacer para garantizar el cumplimiento de los derechos de las mujeres, pero más que nada, nos recuerda que los atropellos, la discriminación y el olvido hacia la mujer y lo femenino no son problemas únicamente de las mujeres, sino de todo individuo comprometido con la dignidad y con la vida.

Se trata de tener por fin el valor de inventar y reinventarnos para una transformación desde lo más profundo de nuestro ser, una transformación que debe ser al mismo tiempo individual y colectiva; se trata de aprender a mirar de manera respetuosa al otro, a la otra; se trata de encontrar una manera de convivir y compartir armónicamente con todo lo vivo, con la Madre Tierra, con el agua, con el bosque, con la existencia. Se trata pues, no solo de vivir, sino de honrar la vida.
Texto escrito a dos manos, a dos corazones:
Madhavi
Gaviotra

La pequeña bailarina del cuento

Nació mujer, bueno no nació mujer, nació niña y se hizo mujer a base de mucho esfuerzo. Segunda y última niña del matrimonio. Bailarina y sonriente… soñadora… Poderosa.

Hija de padres cuidadosos y atentos, de madre extra amorosa y consentidora, de padre extra cariñoso, excelente conversador y poeta. Vivió feliz infancia, bailó ballet, le contaron cuentos, fue la princesa de su papi… fue princesa, le contaron cuentos que creyó, pero en el fondo, muy en el fondo, ella se sabía bruja.

Creció un poco, apenas lo suficiente para que la vida le comenzara a inundar el alma y le rellenara de a partes el cuerpo. La miraron mientras ella no sabía que la miraban, sin saber aún que había miradas cargadas de otros sueños, caminaba interpretando ser la princesa que le dijeron debía ser. Le habían contado cuentos de hadas antes, ¿por qué ese, que de repente comenzaron a susurrarle en el oído, no habría de ser verdad? Le tomaría años darse cuenta que eso no era un sueño sino una pesadilla.

«Murió el poeta lejos del hogar»… y entonces sintió, por primera vez en el corazón, esa aguda punzada que vendría una y otra vez después en la vida. Se sintió sola, perdida, incompleta. La sensación duraría muchos, muchos años… demasiados.

Dios me hizo mujer

mujer-2

Dios me hizo mujer… taller de seres humanos… bendeciré mi sexo.

Pero no hoy, mientras mis hermanas son mutiladas y caen pedazos de sus pétalos.
Pero no hoy, mientras el terror vive bajo su mismo techo disfrazado de compañero.
Pero no hoy porque suman m á s d e d i e z m i l los feminicidios en mi país y ya me resulta imposible retener los nombres.
Anabel, Irma, María, Hilda, Helena, Raquel, Ivone, Olivia, Mayra, Eloísa, Cyntia, Adriana, Rosalba, Adela, Irene, Zenaida, Paulina, Susana…
Hoy no bendigo mi sexo, porque no parece haber lugar seguro en este mundo para nacer mujer.

Violencia en el hogar; violaciones; trata de mujeres y niñas; prostitución forzada; violencia en situaciones de conflicto armado: asesinatos, violaciones sistemáticas, esclavitud sexual, embarazo forzado; mutilación genital femenina; linchamientos; infanticidio femenino; selección prenatal del sexo del feto en favor de bebés masculinos; FEMINICIDIO.

Protectora de secretos

super-lunaLas mujeres son las hijas de la luna. Cuenta la voz más antigua que la noche de la creación de la mujer, la luna distraída paseaba por el bosque cuando a lo lejos, alcanzó a ver la mano creadora que descendía, una vez más de los cielos, con una diminuta silueta erguida sobre sus dedos. Presurosa, la luna corrió hasta el lugar donde ella había dejado la nueva creación de su espíritu. Hasta entonces, la luna le había visto depositar en este mundo un sin número de curiosas invenciones: elegantes visiones cuadrúpedas, algunas con bellos pelajes, otras con hermosas cornamentas que crecían hacia el cielo tratando de alcanzarla de nuevo; había llenado el suelo y el agua de increíbles criaturas multiformes y el aire de bellísimas figuras aladas, pero esta nueva creación suya no parecía semejarse a ninguna otra. La luna permaneció inmóvil por un momento contemplando aquella silueta larga que tenía hilos finísimos y largos que colgaban de su cabeza y que le danzaban inquietos tratando de atrapar al viento. Al volverse la criatura para saber quién la miraba, la luna se asustó un poco al sentirse descubierta y disparó sus rayos pálidos sobre ella, ese fue el momento del encuentro. Luna se sorprendió de la visión que tenía frente a ella, era pálida y radiante al mismo tiempo, igual que ella, tenía dos pequeñas lunas redondas en la cara, tímidas y enigmáticas como ella misma lo era… era como ver reflejada su alma en el estanque de agua cristalina, era hermosa como nada, perfecta como todo, o eso parecía, porque al asomarse a su vientre, Luna vio que estaba vacío, completamente vacío. Entonces comprendió que aquella criatura había sido creada para ser la única, al igual que ella lo era. Luna se lamentó , se inclinó y vació sobre la tierra las dos últimas lágrimas que le quedaban y después, con voz de luna le dijo:

– «Extiende tus brazos y cómeme, que yo endureceré tu vientre y haré fuertes a tus brazos y piernas en la medida justa para cargar tus frutos»

La mujer así lo hizo, alargó sus brazos hacia el horizonte y se tragó a la luna. Sintió que algo era diferente, ella misma parecía ahora abarcar dos mundos. Le surgieron cráteres y montañas, le crecieron nubes en los cabellos y aroma de flores le brotaba de los labios. Mujer se paseo orgullosa de su nueva desnudez de luna y al verla todas las demás criaturas, se reclinaron sobre su vientre y la bendijeron. Pasado el tiempo, de las entrañas le nació una pequeñísima criatura igual de hermosa y radiante que ella. La llamó Luna Nueva y al igual que su madre, cautivaba a los demás seres con sus sonrisas de luna.

Así fue como la mujer y la luna se fundieron en una sola, desde entonces, cada 28 días una luna se despierta y nace para cada mujer, algunas veces maduran en ellas y otras, solamente llueven rayos de luna de sus cuerpos.

Marea

Tu presencia es ajena, extraña a mí

sin embargo estás amándome.

Pienso en mi vida antes de ti, mi áspera vida antes de nadie

soledad eterna que socava mis entrañas

gritos callados, reprimidos

el mar en calma pero gritando en silencio

Y tú entonces ¿dónde estabas?

tal vez lejos como ahora

¿acaso habitabas en mi alma?

Tanta pasión enredada en mi cuerpo

olas de mar furiosas

rodando incansables

buscando acaso quien las oiga

buscando acaso quien las calme.

Vacío

En mi alma este vacío

ocupándome, oprimiéndome

abarcándolo todo.

Un vacío ensordecedor como inmensidad

como hilo de vida que se escapa

abismo apabullante que me abarca

que me aplasta, que me calla.

Sujeta mis alas a su encierro

impidiendo que desplieguen en vuelo

y los sueños parecen lejanos, dudosos, inciertos

como ríos convertidos en esteros.

Corta de tajo mis anhelos

y transforma mis mares en desiertos

y sujeta mis alas a su encierro

y sujeta mis alas a su encierro.

Se volca en mis sentidos y mis pensamientos

cambiando de matices mi cielo

y va apagando ilusiones

y va matando deseos

va enredando sensaciones

y sujetando mis alas a su encierro.

 

Muriendo

¿Por qué mi sol no entibia cuando tú no estás?

No calienta mi alma ni mi soledad

y mi luna triste se descalza

alumbrando fría y sin intensidad

y los sueños de mi alma van muriendo

como olas que se pierden en el mar

y parecen suicidarse mis «te quiero»

cada tarde que te alejas más.

Búsqueda

Ve a través de mi mirada

la verdad que hay en mi alma

descubriendo cada velo

con una sutil palabra

Desenreda la maraña

mi mente desordenada

e interpreta mis sentidos

tratando por fin de hallarla

la verdad que tanto busco

adentrándome en mis entrañas

la verdad que tanto anhelo

y que no logro encontrarla

esa verdad que me asusta

pero que traerá la calma

a mi corazón que clama

entender esto que pasa.

Mi segunda voz

Mi segunda voz es el grito liberado de la sombra en el espejo, esa que atraviesa las fronteras de la realidad en continuo coqueteo con la locura. Danza por los laberintos de la mente mientras enamora los ensueños escondidos y susurra en ecos ansiedades viejas, derruidas.

En la serenidad oscura de las voces fluyen ríos de palabras cristalinas, como ese grito de recién nacido de los sentimientos nuevos.