Navegar

Cuando me navegas

mar adentro

mar-océano de dormidas ansiedades,

marea en calma.

Tu nave surcando mis apacibles aguas.

Navegas mis ríos con rumbo a mi horizonte,

tu barca cargada de preguntas

despliega sus velas para recibir el viento y adelantar el naufragio.

Yo te arrullo con mis olas,

mientras mi voz se vuelve risa de golondrinas,

despierta la brisa en mi paisaje

y baña tu piel,

te convido de mi sal

mientras despiertan mis tormentas infinitas.

Ritual de cielo y agua

clamor de amor y vida.

barca

Ciclo de vida

Estoy aquí, en mi universo, sumida en un suspiro de existencia que, en el abrir y cerrar de una hondamujer-presencia bocanada de aire, arrancó de mis labios el último aliento de vida convirtiéndome en este polvo. Ahora, convidará mis astros a las flores que me beberán para que después, junto con su perfume, respires de mí. Entonces estaré en tu casa, te invadiré en cada célula, mis astros se fundirán con los tuyos y después, en un leve suspiro tuyo, saldré de ti habiéndote dejado mi huella grabada en cada uno de tus átomos. Entonces estaré en el viento, bañada de risas, ecos y murmullos. Volaré deshojando otoños, arrullando nubes y me infiltraré en ellas para quedarme en cada gota de agua condensada, y así, en cada llanto de cielo herido seré las lágrimas que se vaciarán sobre la tierra que es la madre verdadera, la que sabe engendrar, proteger y dar vida.

Seré arbusto, fresca hierba, sauce llorón; ardilla, venado, pájaro multicolor; tierra, nieve, viento, agua, y así, estaré para siempre en todas las formas que va adquiriendo la vida eternamente.

Evocación

Para amarte

me basta con cerrar los ojos

imaginarte

Sí, para amarte

me basta recordar tu aliento

dejar volar el pensamiento

y soñarte

y pensarte

Volviendo a sentir tus besos

que tocaban mi alma

volviendo a sentir tus dedos

rozar mi espalda

y al revivir tus palabras

sonando dulces en mis oídos

vuelvo a sentirte cerca

y aunque te encuentres lejos

te siento aquí conmigo.

Una historia de amor que envejecía (Poesía coral)

Canon:

Una historia de amor que envejecía, la historia de mis primeros años, la de mis primeros daños, cuando todo era vida o era muerte, pero fuera lo que fuera no importaba, ¡Era mio! y ahora todo eso ya no importa.

Todos:

Una historia de amor que envejecía.

Una historia de amor que envejecía.

Una historia de amor que envejecía.

Envejecía.

Envejecía.

Envejecía… ¡ENVEJECÍA!

Voz 1. ¿Y el momento?

Voz 2. ¡Sí! ¿En qué momento?

Voz 1. El segundo, el instante.

Voz 3. ¿En qué detalle?

Voz 1. Cuando vertías tu cascada que dejaba huella en mí.

Voz 2. Cuando vertías tu cascada que dejaba huella en mí.

Voz 3. Tu cascada que dejaba huella en mí.

Voz 1. ¿Era entonces?

Voz 2. ¡Sí, era aquel tiempo!

Voz 1. Aquella visión que yo soñaba.

Voz 2. La visión entre velos.

Voces 2 y 3. Pero todo aquello es hoy ceniza y la cascada es un estero.

Voz 1. ¿Cómo pudo ser?

Voz 2. ¡Ceniza, ceniza todo aquello!

Todos: Palabras, palabras, palabras, palabras.

Voz 1. Pero la herida que duele es el vacío.

Voces 1 y 2. La historia de amor que envejeció.

Voz 1. La de mis primeros años.

Voz 2. La de mis primeros daños.

Voz 3. E vacío cuando llega….

Voces 1 y 2. ¡No, no llega, nunca se va! solamente es que ha salido de donde estaba escondido.

Voz 2. … Y entonces, te abarca lentamente, poco a poco…

Voz 3. … sutil.

Voces 1 y 2. Se adentra y te abarca y ya no puedes soñar.

Voz 3. Todo es vacío.

Voces 1 y 2. Y entonces sólo puedes escuchar el eco.

Todos: ¡El eco del vacío rebotando en tus memorias!

 

A la distancia

De noche pensando en ti

en tus besos y tus miradas

en tus caricias y tus palabras

en el «te quiero» que me regalas

y en ese escalofrío que recorre mi cuerpo cuando me abrazas

De noche pensando y soñando

soñando que te tengo cerca

deseando disfrutar tu presencia

y añorando tanto por tu tan lejana ausencia

De noche, siempre de noche

a mi alma este sentimiento invade

de noche y tú tan distante

yo deseándote, pensándote, amándote.

Soledad

Yo era un ser común en medio de miles de seres comunes. Un ser imperfecto que se aturdía ante el replicar de las campanas en el silencio. Iba gritando al mundo, con mi voz muda que me escucharan, pero todos pasaban por mi lado sonriendo, mirándome otro rostro y otro gesto y hasta pensaban que yo les sonreía también.

Así pasaron mis siglos, hasta que un día ella apareció. De entre mi plexo y mi vientre me nació una soledad. La tomé entre mis brazos y la miré con detenimiento. La encontré simplemente maravillosa, tan suave como una brisa de mar que acarició mi ego y lo hizo dormir, tan dulce como el último néctar que se bebe de los labios que te dicen adiós, tan tierna que silenció los gritos de mis voces mudas y posó en mis labios una canción y selló las puertas abiertas que una vez fueron mis brazos, porque mi soledad era celosa y sólo quería que la abrazara a ella.

Ese día fue el más feliz de todos mis siglos, porque desde entonces ya no habrían más gritos de voces mudas, ni sonidos de ecos sordos, desde entonces solamente eramos, mi soledad y yo tomadas de la mano.

Calles que hablan

¿Sabías que las calles hablan? Yo no lo sabía, lo descubrí el otro día, justamente el día en que dijiste que te ibas para no volver.

Fíjate, te cuento, iba yo pasando por la calle, aquella en la que, una vez nos vimos casi de madrugada, aquella vez en que tú no te animabas a pedirme algo que querías pedirme, me acuerdo, estuvimos ahí largo rato… pero te iba diciendo que pasaba por ahí y cuando menos lo esperaba la calle dijo «¡Pensé que nunca lo dirías!» Fue algo así como un susurro en sonido estereofónico, con eco ¿sabes?

Se me enchinó la piel. Luego me dije – Han de ser los ecos de tu mente – y me seguí de largo.

 

Recuerdo fugaz

Recuerdo la última primavera que te vi, era la temporada de la más brillante luz en aquella pequeña colina. La visión más hermosa era ver los rayos de sol filtrándose entre las hojas de aquellos copiosos árboles hasta acariciar el suelo y esparcirse dibujando pequeños destellos de luz que danzaban al antojo del viento, y el aroma a flores inundándolo todo.

Te recuerdo tendida en el pasto o corriendo colina abajo como un venado envuelto en gasas azules… como un venado envuelto en gasas azules… como un venado envuelto en gasas azules.

Mi ventana

ventana15_thumbnailSoy únicamente una espectadora en este mundo. He abierto los ojos a la realidad en que vivo y deambulo por esta vida, sólo mirando, observando a la gente que allá afuera, detrás de mi cristal, vive las cosas cotidianas, la gente para quien la vida no pesa, la gente que ríe, la que camina presurosa para llegar quién sabe a donde. Y yo aquí, desde mi ventana los observo y a veces puedo escuchar sus pensamientos y los gritos callados de algunas personas, que como a mí, les gusta gritar en silencio… Es cierto, puedo oírlos.

El cristal de mi ventana es grueso, pero muy claro y transparente, a través de él las imágenes son nítidas, pero las voces no pueden penetrar en él, sólo los pensamientos. Detrás de él también estas tú y cuando me hablas yo no puedo escucharte, pero te siento siempre y percibo tu aroma, no escucho tus palabras, pero puedo saber lo que piensas. Tú te mueves igual que los demás, casi inconsciente de tu verdadera existencia, deambulando como yo, como todos, y cuando quiero tocarte mi cristal me lo impide y yo sólo puedo sentir el frío en mis dedos. Entonces araño el cristal, pero todo es inútil, jamás me permitirá tocarte.

Reencuentro

Después de un corto olvido

de nuevo nos encontramos

una pequeña plática

palabras vanas pronunciamos

y frases sin mucho sentido,

sin embargo por un instante

tus ojos buscaron los míos

y al cruzarse las miradas

tan sólo por un momento

quizá nuestros pensamientos

tal vez fueron los mismos.

Sentimientos encontrados

recuerdos de lo vivido

de tus manos en mi cuerpo

y tus besos en los míos.